lunes, 19 de febrero de 2018

Lena - Daniel Vázquez Sallés




El autor:

Daniel Vázquez Sallés nació en Barcelona en 1966. Licenciado en Ciencias de la Información en la UAB, trabajó como técnico cinematográfico y guionista hasta que dio el salto a la literatura con Flores negras para Roddick. Entre las obras publicadas destacan la novela La fiesta ha terminado y los ensayos Comer con los ojos y Recuerdos sin retorno. Para Manuel Vázquez Montalbán.
Si tuviera que irse a una isla desierta, se llevaría un ejemplar de El factor humano, de Grahame Greene, y a la hermana gemela de Marion Cotillard, si la tuviera.


Desde que me apunté a la iniciativa #SoyYincanera no gano para alegrías. A menudo pienso que ya ni tengo que preocuparme en buscar información para elegir un libro u otro, que siempre he sido muy caprichosa cuando me veo en algún escaparate de una librería y muchas veces me han dado gato por liebre. Ahora son otras (en este caso, Carmina y Kayena), quienes lo hacen por mí y rara es la vez que se confunden. Como el requisito que ponen para conseguirlos es participar en los sorteos, que suelen ser bastante divertidos y facilones, la sensación de egoísta incorregible va creciendo en mi porque lo poco que puedo hacer al respecto encima me gusta y me divierte.

Es por todo esto por lo que Lena, de Daniel Vázquez Sallés llegó a mis manos: participando en su sorteo, mientras pasaba un rato muy agradable durante el cual me esforzaba por intervenir mediante tuits. A los pocos días los libros comenzaron a llegar y comenzó la Lectura Simultánea.
Para los que todavía no habéis vivido una experiencia como esta, me gustaría comentaros que es muy edificante. Imagino que todo aquel que se acerca a un blog de reseñas para ver qué nos ha parecido a quienes hablamos de ella lo hacéis también porque el mundo de la literatura os atrae. Pues bien, poder hablar de la novela con otras personas que la están leyendo a la vez, a las que vas conociendo poco a poco gracias a esta iniciativa es como pisar el séptimo cielo. He pasado y estoy viviendo unos momentos indescriptibles a cuenta de estas Lecturas; de hecho, empiezo a temer que algún día se acabe esta locura, porque los ratos que pasamos "al otro lado de Yincaner@s" no tienen precio. Las risas están aseguradas del mismo modo en que ves cómo, poco a poco, se empiezan a fraguar amistades.
Por poner un ejemplo, Lena ha venido a corroborar todo lo que os he dicho, porque a cuenta de ella ya estamos pensándonos en ir unos días a Tolstoi Farm, todos juntos, a pasar un fin de semana y, con esa excusa, dejar durante una buena temporada a Ana M., Mari y Kayena para que se conviertan en "aristócratas del crimen", porque lo andan pidiendo a gritos.
¿Y qué ha tenido esta novela en particular para que se nos haya hecho tan especial al grupo? Varios aspectos, sencillos de entender y difíciles de explicar porque considero que la mejor manera de acometer esta lectura es sabiendo lo imprescindible. Sin embargo, como por mucho que me esfuerce me va a costar la vida presentárosla de una manera atractiva, os dejo la sinopsis y desde ahí intentaré transmitir lo que para mí ha significado:

SINOPSIS:
 La primera vez que Martín vio a Lena en la playa tenía doce años y ya entonces supo que esa joven sería la mujer de su vida, pero para ello debería pagar un peaje: convertirse en un asesino a sueldo.
Y aunque quizá fue la casualidad la que cruzó su vida con el Posibilista, tal vez no fue tanta la coincidencia de asumir la condición humana de matar por encargo. Porque si algo estaba escrito no era su vocación, sino su amor demente por Lena, esa escritora fatal amada -y renegada- por sus semejantes.
Asumir la identidad de Knopfler y los infinitos riesgos que conlleva ser un criminal no fueron para Martín un impedimento, porque su objetivo final, Lena, era el regalo. Y es que, a fin de cuentas, Lena es la historia de amor a lo largo del tiempo entre un asesino a sueldo y una novelista.
Daniel Vázquez Sallés no juega con el lector, pero sí lo acompaña en un recorrido vital lleno de curvas y de guiños a la ciudad de Barcelona y a algunos personajes que en algún momento de sus vidas se han cruzado con el autor.

OPINIÓN PERSONAL:
Lo primero que me llamó la atención del libro fue el peculiar estilo del autor, ya que aunque desde la primera página te das cuenta del tono en que va a narrarse al estar escrita en primera persona por Martín-Knopfler, uno de los protagonistas (y no, ni el personaje es escocés ni guarda relación con el cantante y guitarrista de los Dire Straits) a lo largo de la lectura esa singularidad se hace más y más evidente, a medida que vamos conociendo al personaje más íntimamente y las circunstancias que le irán rodeando a lo largo de la vida.
Martín era un niño normal, no vayáis a creer que las ansias de matar le acompañaron siempre. Es más, creo que nunca las ha tenido, porque el hecho de haberse convertido en un asesino a sueldo de élite solo fue fruto de la casualidad. Huérfano de madre desde los seis años, vive con su padre, chófer de un millonario constructor que amasó su fortuna levantando barrios marginales en pleno apogeo franquista y que cuando se cansó de ganar dinero, se reconvirtió en intelectual trasnochado valiéndose del poder del que gozaba como buen cachorro del régimen. Si os digo la verdad, es todo un personaje, lo cual tiene más mérito todavía cuando el sentimiento más liviano que este hombre genera en el lector es el de asco mortal, ya que todo lo que de él transciende es corrosivo, viscoso, porque es la personificación del vómito, dado que nunca ha conocido la moral, ni la ética.
Fue precisamente durante unas vacaciones en la playa de la familia Virao, cuando Martín conoció a Lena. Él tenía tan solo doce años y ella veinte. En realidad se llamaba Elena Cohen, era escritora en ciernes y la amante del momento de Sebastián Virao. Lena no se fijó en él, pero Martín se enamoró de ella y se hizo el firme propósito de conseguirla, tarde o temprano.
Desde ese momento, la vida para Martín gira en torno a cómo conseguir acercarse a ella. Tiene claro en ese momento que ha de ser por la vía de la literatura y toma la decisión de convertirse en escritor para estar a su altura y encuentra la fuente de la sabiduría en la biblioteca de Sebastián Virao.
No es fácil e irá pasando el tiempo. Llegado a la juventud, comenzará la carrera de Derecho y trabará nuevas amistades. Nacen, en aquella época, los Dire Straits, una pandilla de la que Martín es la cabeza visible y de ahí que tome como alias el de Knopfler. 

Para costearse sus caprichos Martín trabaja en una agencia de viajes y escribe la novela con la que quiere impresionar a Lena llegado el momento, pero sus amigos de esto no saben nada, porque son unos malcriados de familias boyantes y clasistas que no le mirarían a la cara de saber a qué estrato social pertenece. 

Todo se complica cuando su padre muere, porque más allá de lo que le pueda afectar en lo personal, necesita protección económica para seguir manteniendo su status. También se llevará un varapalo cuando acude a una presentación de la nueva novela de Elena Cohen, pues tras conseguir pasar la noche con ella y ofrecerle su manuscrito, ella le echa con cajas destempladas y le indica que la novela no tiene calidad literaria.
Aparece entonces El Posibilista cuando Martín empieza a tocar fondo y prácticamente le mantiene, tanto en sus gastos corrientes como con la droga, que consume a diario y en cantidades industriales. Le propone unirse a la Organización para la que trabaja y convertirse en asesino a sueldo. Tras unos reparos iniciales, acaba aceptando la oferta, motivado más que nada porque desde esa perspectiva es viable que pueda ganarse su sitio en el corazón de su amada. 

Pero para conseguir el éxito tendrá que pasar por chapa y pintura y, de ese modo, le enviarán a talleres para adquirir todas las habilidades que un trabajador de este tipo debe poseer. Tras una estancia en Tolstoi Farm, emprende la segunda fase: crearse una identidad que le permita disimular a qué se dedica realmente. Tiene que casarse, a ser posible con una mujer anodina y gris como la personalidad que él debe mantener y tener hijos, así como un trabajo estable que le permita viajar sin crear sospechas. Para lo primero le dan carta blanca, en cuanto al trabajo "oficial", se lo proporcionará la Organización.
Cuando consigue realizar unas cuantas misiones y convertirse en el mejor de los asesinos a sueldo, volverá a encontrarse con Elena Cohen, que ya está en horas bajas como escritora y, como presumía, su idilio se hace realidad. Y, de no ser por la ambición de Lena, que no se resiste a pasar inadvertida, quizás su amor se hubiese consolidado... ¡pero nos hubiésemos quedado sin una historia tan original y adictiva como sorprendente!.
¿Y por qué os digo esto? No sé si he sido demasiado explícita a la hora de contar la trama. Es posible, aunque también os digo que todo lo contado es solo la punta del iceberg, porque donde reside, para mí, la grandeza de esta novela es en disfrutar de la forma de narrar del autor, con unos recursos literarios a la altura del mejor escritor que podáis conocer. Para que os hagáis una idea de la manera tan rotunda y descarnada de dirigirse al lector, os pongo un simple párrafo de los que aparecen en las primeras hojas:
“Soy un ser con dos vidas.  La de asesino frío y despiadado, y la de padre rumiante de una familia de apocados.  Mi primera vida es la auténtica y llegue a ella desnudo con el único deseo de ser amado.  La segunda, la del honrado padre de familia, es una tapadera, una falacia que me sirve como puerto al que recalar antes de volverá zarpar en busca de la mujer que me abrió las puertas de su jardín secreto”.
A todo ello, también quiero mencionar la riqueza del vocabulario que emplea, la forma de adjetivar que utiliza, pues cogiendo una página al azar (la 133 en concreto), me he encontrado con estas palabras que me han resultado curiosas:

Y, por supuesto, porque la trama es de las más atractivas con las que me he encontrado a lo largo de mi vida como lectora y no solo por su originalidad. O porque sus personajes están tan bien perfilados, tienen una personalidad tan impactante y tan atractiva que me han asombrado. 

Es curioso, porque no he llegado a empatizar con ninguno, aunque al final he redimido al Posibilista y eso me daba qué pensar, porque decidme la verdad, ¿a qué no es frecuente leer una novela donde todos los personajes te parezcan odiosos, que no veas en ellos un atisbo de humanidad y que consiga engancharte de tal manera? A mí me hizo pensar, en ocasiones, a El Padrino, de Mario Puzo, pero enseguida encontraba la explicación: escuchar la palabra Mafia implica que, por principios, vamos a ponernos en contra por todo lo que conlleva. 

Sin embargo, este autor creó un protagonista tan contundente, con unos principios morales tan arraigados que nos hizo cuestionarnos que, en un momento determinado, nos posicionásemos al lado de semejante personaje. En este caso, ya os digo que no, que cuando se acaba la novela y haces un repaso, solo se salva el Posibilista y porque su historia personal, sus motivaciones, sí le humanizan.
En lo que se refiere a la parte "protesta" no quiero extenderme para no eternizarme. Simplemente salta a la vista que Daniel Vázquez Sallés cuenta con un bagaje cultural, profesional y personal tan amplio, tan exquisito, que nos ha regalado una crónica tan ácida como realista de lo que a lo largo de su existencia ha podido comprobar en primera persona y entiendo que agradecérselo es lo mínimo que podría hacer desde aquí.
Esta reseña participa en la iniciativa #SoyYincanera